Fotografía | Pablo Méndez
Declaración de artista
Trabajo desde la pintura, el mural y la escultura para acercarme a algo esencial: cómo nos sentimos dentro del cuerpo que habitamos y dentro de los espacios que construimos.
En la pintura, el cuerpo aparece en tensión, en movimiento, a veces fragmentado. No lo entiendo como una figura cerrada, sino como un lugar donde se acumulan experiencias, decisiones y contradicciones. Pintarlo es una forma de observarlo con atención.
En la escultura, esas mismas preguntas se trasladan a la materia. Trabajo con piedra porque obliga a ir más despacio, a escuchar el proceso, a aceptar sus límites. A través de módulos y repeticiones, construyo estructuras donde cada parte tiene su lugar, y donde el conjunto solo existe si hay relación entre sus elementos. Es una forma de pensar lo colectivo desde algo tangible.
Colaboro con artesanos porque creo en el conocimiento que se transmite con el tiempo. Hay una inteligencia en la mano que trabaja la materia que no puede separarse de la obra.
Me interesa que el arte no se consuma con prisa. Que no sea solo imagen, sino experiencia. Que pueda acompañar, abrir preguntas o simplemente generar un momento de pausa en medio de lo cotidiano.
Creo que el arte tiene la capacidad de reorganizar la percepción, de afinar la mirada y de devolverle profundidad a lo que parece habitual. No como algo extraordinario, sino como una presencia constante que nutre la manera en que habitamos el mundo.