Pabellón escultórico de 1000 piezas de cantera rosa (piedra toba)
2024
Primera exhibición en el museo mac en SLP
La instalación plantea un diálogo entre permanencia y fragilidad, entre lo orgánico y lo geométrico, proponiendo una narrativa visual sobre la esencia transformadora del ser humano frente a la naturaleza. Roy deconstruye y reconstruye la materia para hacer visible lo invisible, revelando las potencialidades de aquello que, como el cubo, aparenta ser mínimo y uniforme, pero encierra una multiplicidad de significados”
En esta obra escultórica se explora la tensión entre la naturaleza y la intervención humana, cuestionando cómo la materia orgánica solo adquiere valor cuando se transforma en producto.
La obra presenta una secuencia donde la piedra -con su forma natural y orgánica- es tallada hasta convertirse en cubos, estructurados en una composición que recuerda un sistema industrializado; además se subraya la paradoja de la sociedad contemporánea, que prioriza la cantidad sobre la calidad, encargando formas simples y repetitivas como el cubo a artesanos capaces de crear piezas de enorme complejidad a mano, para así reivindicar la unicidad de lo artesanal en un contexto de producción masiva, resaltando la belleza de la tradición y el oficio que poco a poco se pierde.
La obra invita al espectador a reflexionar sobre la relación entre los individuos y su entorno, cuestionando el valor de la materia prima y el impacto de su transformación. Así, cada cubo funciona como un símbolo de la construcción y la destrucción: sólidos y autónomos, pero dependientes de la unidad que conforman. La instalación plantea un diálogo entre permanencia y fragilidad, entre lo orgánico y lo geométrico, proponiendo una narrativa visual sobre la esencia transformadora del ser humano frente a la naturaleza.
El lenguaje formal de la obra deconstruye y reconstruye la materia, haciendo visible lo que a menudo permanece oculto. A través de esta acción, la instalación revela las múltiples posibilidades de lo aparentemente mínimo y uniforme, otorgando un significado profundo a cada elemento. La pieza, más allá de su dimensión escultórica, propone una reflexión arquitectónica sobre el equilibrio entre tradición, modernidad y la relación del ser humano con su entorno construido y natural.
El vestíbulo de la Torre Avancer, diseñado por Macías Peredo arquitectos y Manuel Cervantes toma a la cantera rosa de esta ciudad como inspiración para el eje central del edificio. Es en este espacio donde mil cubos de piedra toba se extienden al rededor de una de las columnas monumentales para crear un diálogo entre un sistema constructivo milenario y uno actual, reflejando el propósito de un ciudadano en su ciudad: dotar de identidad la materia que lo rodea y apropiar el espacio a la concepción de su entorno.
Un monolito de piedra toba (cantera) de 6 toneladas y mil cubos de la misma piedra; una obra que habla sobre el ciudadano, sobre la ciudad y sobre la apropiación libre y consciente del espacio; la permanencia y la identidad; la intervención y el ritual milenario de poner La Primera Piedra.